
Ricky Jay es un prestigioso mago estadounidense especializado en la Magia de Close-Up (Magia de Cerca), haciendo un particular hincapié en la Cartomagia. Es conocido, tanto en el ambiente como en general, como un artista capaz de entrecruzar el Ilusionismo con el drama de la narración, encarnando por momentos a un enigmático mago clásico de la antigüedad; en la mayoría de sus trucos hay intrigantes historias que le dan forma a todo el efecto: Ricky es capaz de transportar a su audiencia, por medio de su Magia y su voz, a los lugares más inhóspitos de la imaginación.
Además de ser uno de los mejores cartomagos del mundo, Ricky supo explotar con gran éxito su faceta actoral; además de trabajar en teatro, llegó innumerables veces a la pantalla grande, sobre todo de manos del cineasta David Mamet, uno de sus más cercanos amigos. También ha escrito una docena de artículos académicos y dos libros: “Cards as Weapons” (1977) y “Learned Pigs & Fireproof Women” (1986). Hace algunos años, salió publicado en el Libro Guinness de Récords Mundiales por lanzar cartas a 90 millas por hora.
Ricky Jay nació en 1948, en Brooklyn, New York, y desde chico mantuvo un contacto directo con el arte de la Magia, gracias a la influencia de su abuelo materno; el cual le mostraba y presentaba importantes magos de la época. Tal es así que a los 4 años de edad presentó su primer truco de magia en un encuentro informal de la Sociedad Americana de Magos (SAM); curiosamente, entre los espectadores se encontraba Dai Vernon, un mago que años mas tarde se encargaría de formar como mago, junto a otras legendarias celebridades del ilusionismo que ese pequeño niño tendría la posibilidad de conocer.
Jay asegura que el siempre hizo Magia, sin embargo al principio no lo pensó como una profesión a seguir; en un primer momento consideró ser periodista, luego publicista y hasta llegó a enrolarse en la Escuela de Gestión Hotelera de Cornell. Sobre esto último, el mismo reconoce que fue bastante ingenuo el pensar que sus conocimientos en la Magia, comida y entretenimiento eran suficientes para tal actividad.
Durante un año en la década de los 70´, Jay vivió en Boston, no muy lejos del teatro Somerville; para entonces ya estaba de lleno introducido en el arte del ilusionismo, haciendo actos de apertura en los shows de Ike y Tina Turner, Emmylou Harris, y Herbie Hancock. Luego se trasladó a Los Ángeles, donde trabajaría en Santa Mónica en un club llamado “McCabe’s Guitar Shop” y luego en el Magic Castle.
Siendo un adolescente, pasaba sus fines de semanas en Manhattan, en la tienda del legendario mago Al Flosso y en la cafetería del edificio Wurlitzer, un punto de reunión común entre los magos. De a poco, su talento comenzaba a tomar forma.
En 1982 su vida dio un giro decisivo al ser contratado para diseñar efectos mágicos para la producción del New York Shakespeare Public Theatre “A Midsummer Night’s Dream”, protagonizada por William Hurt.
“James Lapine, el director, tenía una peculiar imaginación”, recuerda Jay “pensaba que, dado que yo iba a tener que esperar para supervisar los trucos, también podría estar en el espectáculo, por lo que permitió mi debut como actor, haciendo de Philostrate, maestro de tertulias”.
Desde un principio, Ricky Jay no solo se dedicaría a la práctica, sino también al estudio de la Magia. Si actualmente hay algo que caracteriza su estilo, y no por casualidad, es su particular e inimitable talento para narrar fabulosas historias entre medio de sus impecables rutinas mágicas. Un estilo tan propio como su mirada, el cual le ha servido para estar en esa suerte de vanguardia de la Magia, aunque su temática no se desarrolle preferentemente en lo absolutamente contemporáneo.
“Cuando se trata de arte, mirar en la historia es como mirar detenidamente un espejo”, observa el.
“Existe ese increíble ciclo natural de las cosas. Miren lo que pasa en el mundo financiero con el Esquema Ponzi. Gente”, dice Jay, “son engañados con las mismas cosas que hace cien años.”
Nicolas Barker, un encargado retirado de la Biblioteca Británica, dice: “Ricky diría que no se puede ser un buen mago sin saber la historia de su profesión; porque no hay nuevos trucos bajo el sol, sólo variaciones. Él es un excelente prestidigitador, y una persona muy estudiosa, cuyo conocimiento en su campo es gigantesco, sin igual. Y, como cualquier otra persona estudiosa, tiene conocimientos mas que suficientes de las demás áreas”.
El actor Steve Martin dijo hace un tiempo: “Pienso en Ricky como la elite intelectual de los magos. He tenido contacto con magos durante toda mi vida; el es expertamente capaz de performar y aún saber la teoría, la historia y la literatura del campo. Ricky es un maestro de su arte. ¿Usted conoce a esos profesores de escritura que no necesariamente escriben, pero pueden dar clases? Bien, Ricky en realidad puede hacer todo”.
“Desde un principio ya sabía que no quería hacer el tipo de Magia que otras personas estaban haciendo”, dice Jay, y continúa: “Así que empecé a comprar libros antiguos para encontrar material”.
Para completar su faceta de buscador de tesoros del pasado, Ricky, es un incansable coleccionista, además de libros de Magia, de manuscritos, artilugios, y otros objetos conectados estrechamente con la Historia de la Magia como, por ej., juegos de azar; material de trampas, fraudes y entretenimientos inusuales.
Según comenta el mismo Jay, entre sus principales influencias mágicas se encuentra el reconocido mago Max Malini; un famoso ilusionista del pasado que nació en 1873 en un pequeño pueblo de la frontera polaco-austriaca, y el cual se hizo tan popular que actuó ante importantes personalidades de todo el mundo. Jay se siente conectado a Malini no solo por veneración, si no también por la extraña coincidencia de que aquel mago verdaderamente se llamó Max Katz, al igual que su abuelo materno.
Este último, quien, inclusive, llegaría a ser presidente de la Sociedad Americana de Magos (SAM), sería su primer gran Maestro, introduciéndolo ya de niño al mundo de la Magia. Y justamente, a la edad de 4 años, en un día de parrilla en un patio de la SAM, el pequeño Ricky debutaría como mago frente a un selecto público de personajes del ambiente, entre las cuales, curiosamente, se encontraba el mismísimo Dai Vernon (uno de los magos mas importantes de la historia contemporánea de la Magia).
Su abuelo, le decía sobre Dai Vernon “Mire al Profesor y estudie la naturalidad con la cual maneja los objetos”. El también le presentó a Tony Slydini y a Francis Carlyle, otros dos granes ilusionistas de Magia de Cerca. “Estos dos hombres eran capaces de hacer Magia, algo mas allá de los trucos, y el hecho de que ellos estilísticamente eran tan diferentes el uno del otro, me fascinó”, dice Ricky mientras recuerda aquellos momentos, y continua: “Con Slydini era importante entender que el era el maestro de la Misdirection (control la atención del espectador). Con Carlyle, el objetivo era absorber lo que mi abuelo llamó la claridad de instrucción; como Carlyle dirigía sutilmente al espectador en un camino mejoraba la claridad del efecto. Hubo un período de varios años en lo que tome clases con Slydini”.
Algunos años después, y luego de instalarse en Los Ángeles, Ricky seguiría de cerca de a Dai Vernon. El profesor en ese entonces trabaja en el Magic Castle, por lo cual tenía que vivir bien cerca de allí. Las noches que Ricky no trabajaba, se juntaba con Vernon para hablar detenidamente de Magia hasta las 5 o 6 de la mañana. En realidad, El profesor sería una de las principales causas por las cuales Jay había decidido mudarse a Los Ángeles.
Vernon era extravertido, despreocupado; una combinación victoriosa de caballero y artista. Aunque en él perfectamente encajara el papel de gurú, no era el mentor paternal que había sido el abuelo de Jay. En la medida en que cualquier persona podría llenar ese vacío, Charlie Miller lo hizo.
Charlie Miller fue sin dudas el gran Maestro de Ricky Jay. El libro “Learned Pigs & Fireproof Women”, el cual Jay tardó 10 años en escribir, justamente está dedicado a el, tal como lo cita el libro: “A mi maravilloso amigo Charles Earle Miller, un actor único, excéntrico, y notable”. Si Miller no hubiera sido el contemporáneo de Vernon, Jay cree, él hubiera sido considerado como la mayor figura de la Magia de su tiempo. “Durante cincuenta o sesenta años, Charlie vivió en la sombra de Vernon,” dice él.”Y aún Vernon sabía que Charlie era el mejor prestidigitador que él alguna vez había visto”.
Mientras cita libremente a sus gurúes y mentores, es el propio Ricky quien se siente poco inclinado a formar parte de la próxima generación de Maestros. Cuando le preguntan por qué no da conferencias en convenciones mágicas, el responde: “Por que aun estoy aprendiendo”, y continúa, “Mientras tanto, hay gente que tiene 10 meses haciendo Magia y está allí hablando de forma dogmática”.
Esto no detiene al gran mago David Blaine a referirse a Ricky Jay como su gran Maestro. “De joven, gasté todos mis ahorros en un boleto para ver ‘ Ricky Jay and His 52 Assistants ‘(Ricky Jay y Sus 52 Asistentes), dice Blaine. “Eso me dio un muy serio, y completamente diferente, respeto hacia la Magia. No puedo pensar en ninguna otra persona viva o de la historia que me influya tanto. Realmente inspiró la mayor parte de mis inicios en la Magia”.
En un momento, y por mucho, mucho tiempo, Jay tenía las cartas en sus manos durante más de 10 horas al día. Ahora dice que valora las bondades de los períodos cortos de práctica concentrada. Sin embargo, Ricky Jay trabaja cada una de sus rutinas durante varios meses, e inclusive años, antes de presentársela a alguien.
Jules Fisher, un reconocido iluminador y amigo de Jay, dice: “Ricky examinará cualquier efecto y encontrará el lado que es intrínsecamente mágico. Él no presenta a la Magia como un desafío, del estilo de: ‘Mire, puedo hacer desaparecer esto y usted no.’. Por el contrario, lo envuelve con algún argumento dramático; en muchos de sus trucos, hay historias. En Las Cuatro Reinas, las cartas adquieren personajes, que son mucho más impresionantes que la cuestión de como aquella carta desaparece”.
En determinado momento, Dai Vernon, luego de verlo performar aquella ilusión en directo durante una conferencia en William Andrews Clark Memorial Library, Universidad de California en Los Ángeles, le dijo a sus discípulos que la presentación entera “restauró la dignidad del arte de la Magia”.
“El aspecto mágico de Ricky es muy fuerte”, dice Pepsi Diaconis, un íntimo amigo de Ricky que, además de ser profesor de matemáticas de Harvard, es un avanzado aficionado a la Magia. “Una cosa es ver a alguien que es muy hábil con las cartas y otra muy distinta es presenciar un efecto y no tener si quiera un indicio de cómo sucedió. Con Ricky, es muy difícil separar la técnica de la presentación. Me puedo dar cuenta cuando una artimaña ha ocurrido y cómo sucedió, pero todavía no la veo. Lo encuentro muy interesante. (…) ”
Ricky Jay a lo largo de su vida recibió una de las educaciones mágicas más privilegiadas de las que se pueda tener. Alumno de Tony Slydini, Dai Vernon y, como si eso fuera poco, también de Charlie Miller, entre otros. Sin embargo, mas allá de los referentes que a lo largo de su vida puede haber ido encontrando para nutrirse en la eterna profesión del mago, me aventuro (y no tanto) a decir que su principal fortaleza es su capacidad para recurrir al pasado en búsqueda de soluciones para el presente. Un lema bastante conocido entre los historiadores, y que implícitamente sostiene la estructura de uno de los magos que mejor entrecruzan la técnica con el argumento de la presentación. Ese es Ricky Jay, y su híbrida forma de promover el arte de la Magia y la Ilusión.
Todo lo que aquí está expuesto fue extraído y traducido de diferentes textos publicados en el sitio oficial de Ricky Jay.
A continuación algunos excelentes videos para complementar visualmente lo que arriba comentamos. Lamentamos no tener los videos con sus correspondientes traducciones.






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